Cada una de las personas con las que nos cruzamos en nuestra vida deja un mensaje en nosotros. El mensaje puede venir camuflado de distintas formas: una enseñanza, una experiencia, un pensamiento, un bar recomendado, una ciudad, una caricia, un beso, una peli, una creencia, una cita de algún escritor, una canción, un libro... o simplemente ser explícito. Todos ellos influyen en menor o mayor medida en nosotros y nos hace lo que somos “Somos lo que aprendemos de los demás, los mensajes que nos dejan”. A veces somos conscientes de cuál ha sido, otras no. Ni siquiera los depositarios de los mensajes saben si dejan alguno, en el caso que los dejen, tampoco saben cuando quedan grabados en nosotros, cuál ha sido el que nos hemos quedado. Todos somos mensajeros y emisores. Por eso, yo digo que las personas somos como “muros o puertas de lavabo” donde cada cuál deja su mejor frase.
Si se pudieran ver, seríamos cuerpos tatuados por miles de frases, nos podríamos hacer una idea de la esencia de cada persona, pero eso no es posible, y menos mal, la gracia de conocer realmente a alguien es llegar a averiguar sus mensajes subcutáneos, de los que se compone. Frases que nos dijeron nuestros ex novios, ex amantes, desconocidos en un bar o tren, amigos, padre, madre, hermanos… tanto positivos como negativos.
En mi muro, o en la puerta de mi lavabo hay frases que nunca se borrarán: Eres mejor de lo que me imaginaba, te quiero en mi vida, yo mataría monstruos por tí, si hemos perdido hemos ganado historias que contar más que algunos tienen, tienes demasiado carácter, la escritura tiene mucho poder, debes aprender a decir no, en la vida hay que fijarse en los detalles insignificantes, no dejes nunca de ser inquieta, busca la felicidad en tí y no en tu pareja, tu impulsividad es lo mejor y lo peor de tí o un simple me encantas. Estas son algunas de las cientos de citas escritas bajo mi piel. Algunas de las citas ocupan un enorme espacio en el muro, otras espacios insignificantes, pero que están. Existen las escritas unas sobre otras y cuestan de leer al haberse solapado… Mensajes que con el paso de los años se borraron, otros que no los borra el tiempo, debieron de utilizar algún tipo de tinta permanente. Creo que hay mensajes que están ahí pero en ocasiones no los veo, éstos seguramente han sido escritos con rotuladores transparentes, de esos mágicos que sólo se ven en la oscuridad, en este caso cuando hago una gran introspección.
Hubo quién pasó por delante de mi muro y no dejó ningún mensaje como tal, simplemente se quedó observando, no escribió, pero dejó su mirada, su karma, su energía o como se quiera llamar, impregnada en la piedra. Esos mensajes también cuentan. Los que vieron el muro de pasada y ni siquiera se molestaron en leerlo, o los que lo leyeron y no les resultó interesante, preferían otros muros más exóticos.
Pero no nos olvidemos, nosotros también somos escritores-grafiteros, es muy importante lo que transmitimos a los demás, nuestros propios mensajes y los que van sobre los demás, no hay que mentir, pero siempre es mejor decir la verdad con un toque dulce, esconder la pastilla amarga en un trocito de bizcocho, fomentar lo positivo, transmitir alegría, motivar al cambio, todos podemos hacerlo, porque ¿y si uno de nuestros mensajes es de esos que se quedan para toda la vida, de los escritos con permanente? Yo prefiero escribir cosas bonitas en todos los muros o puertas de lavabo que me vaya encontrando en mi vida, no quiero escribir pesimismo ¿Tú, qué quieres escribir?
By AieRiM

Sin palabras...
ResponderEliminarsolo te dire dos...
te adoro!
y yo mi sirena (a partir de ahora te llamaré así, pq el canto de las sirenas es el más mágico, el que hipnotiza a los marineros...) muaka!
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